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martes, 1 de noviembre de 2011

Pecado capital: Ira



Quería golpear sin parar una pared hasta desgarrarme la piel y quebrarme los huesos, de un bocado cortarme la lengua y escupir sangre y bilis, que el dolor físico acabase con mi ira infinita y apagase el odio. Caer de un edificio mientras blasfemo, rajar el cuello a un animal inocente, destruir en diminutos trocitos el  David, romper la belleza y lo estable, enfermo de maldad.

Devolver a la humanidad al paso 0 quemando libros y tecnología, seccionar las cabezas de los disidentes, alimentarse de carne cruda y quemaduras por las prácticas con el fuego. Ser un jinete del apocalipsis, sembrar violencia y caos, el olor a napalm y carne ardiendo... los chillidos de una guerra y cristales rotos, quería sustituir mi sangre por ácido de baterías y veneno, mis entrañas podridas, pura hiel, con los ojos negros y muertos.

Quería una verdadera matanza de santos, una carnicería de inocentes, todo consumido por el fuego del odio. Quería hacer sufrir porque sufría, quería matar porque me mataban, quería escapar como el vapor  que huye rápido y sonoro por una tubería rajada, abrir las compuertas de un bombardero y despejar la ponzoña, la válvula de escape del material radiactivo, los bocados de un perro rabioso.

Quería que todos callasen que se fuese el ruido, silencio a mis pensamientos, quería perdón y olvido.